Alejandro Jadad en El Heraldo

“Uno de los inmigrantes canadienses con mayor influencia en el mundo”: TIME

 

El científico costeño habla del peligro de creer, que ser agradecido lo alivia todo.

María Angélica Duque @Cucha_Duque  

Tomado de El Heraldo - En las últimas décadas, de la mano de autores que exponen listados sobre los beneficios de la gratitud, la literatura sobre esta ha inundado las librerías. En muchos de estos escritos citan estudios de psicólogos como Robert A. Emmons, profesor en la Universidad de California, en Davis, uno de los grandes pensadores de la psicología de la gratitud, y Robin Stern, directora asociada del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, quienes han concluido que experimentar la gratitud puede producir efectos positivos prolongados en la vida de las personas, contribuir a su bienestar, a disminuir la presión arterial, a mejorar la función inmune y reducir el riesgo de depresión y ansiedad, entre otros beneficios. 

 Sin embargo, el médico y científico costeño Alejandro Jadad Bechara, catalogado por la revista Time como “uno de los inmigrantes canadienses con mayor influencia en el país y el mundo”, habla sobre sus riesgos, en diálogo con EL HERALDO. “De la gratitud se ha hablado mucho, se está volviendo moda. Entonces hay que balancear las cosas, porque el riesgo es que se vea como una panacea, como algo que lo alivia todo”.

 

 Jadad, médico de la Universidad Javeriana y especialista en dolor y doctor en filosofía de la Universidad de Oxford, asegura que “el peligro más grande es que se termine culpando a la víctima, que la persona termine diciendo: si no me siento mejor entonces es porque no estoy agradeciendo lo suficiente, o no tengo suficiente fe”.

¿Qué es la gratitud?

El fundador del Centre for Global eHealth Innovation y director del Centro de Innovación para la Salud Global y la Equidad de la Universidad de Toronto, Canadá, asegura que hay que ser muy humilde cuando nos encontramos con palabras como esta, ya que pueden tener un impacto muy grande en nuestras vidas. Añade que por eso prefiere conceptualizar en vez de definir.

“La gratitud es una virtud, y una virtud es una disposición, es algo que se hace con voluntad, con el objetivo de construir una vida plena”. Explica que utiliza las palabras virtud y disposición porque la gratitud es algo activo y es algo que requiere deseo. “Uno no puede ser grato pasivamente. Uno es grato activamente”. 

Entonces, “agradecer puede decirse que es la disposición que tenemos las personas para reconocer, a propósito, y activamente, que algo bueno nos ha sucedido, y apreciarlo”, y agrega que “usualmente esto va acompañado por la sensación de que hemos recibido más de lo que nos merecemos, o que lo bueno que nos pasa es un regalo divino, o que tenemos mucha suerte”.

Tipos de gratitud

Esta virtud puede ser de dos tipos, explica Alejandro. La genérica, que es “sentirnos afortunados porque nos están sucediendo cosas en la vida que percibimos como buenas”. La otra, la específica, es la que sucede “cuando uno atribuye a una persona que –usualmente sin pedir nada a cambio– ha hecho posible lo bueno que nos ha sucedido”.

Las amenazas

Ahora bien, la gratitud es fundamentalmente positiva, pero según Jadad hay que tener mucho cuidado con la esencia misma de ella, ya que ser grato “requiere esfuerzo, cuidado y humildad”. 

 Asegura que el nivel más bajo de esfuerzo se requiere cuando alguien nos hace un favor y nos resuelve un problema espontáneamente. Si nos hacen un comentario positivo o un favor es muy fácil agradecerlo, pero el esfuerzo aumenta cuando se tiene que agradecer una crítica, un comentario negativo o una sugerencia que a uno no le gusta. Eso requiere madurez, y agrega que “con frecuencia en la literatura de la gratitud no se tiene eso en cuenta”. 

“En nuestra cultura, un comentario negativo tiende a ser señalado como un ataque. Entonces cuesta esfuerzo para quien lo hace y para quien lo recibe. La responsabilidad más grande es de quien lo recibe.

Aunque quien lo da tiene que hacerlo con mucho cuidado y editorializar el mensaje, ya que al final uno no puede controlar cómo responde la otra persona”.

La gratitud está muy relacionada con el amor, especialmente cuando su fuente es una crítica o un acto no deseado. Alejandro cita a Tomás de Aquino, quien dijo que “amar es desear el bien”.

Por esto es que debemos apreciar a quien –a sabiendas del riesgo de ser interpretado como un atacante– “decidió expresar sus opiniones, o tomar una decisión de actuar de cierta forma por nuestro bien. Esto nos crea la responsabilidad de entenderlo, ser consciente de ello y apreciarlo”.

 El científico asegura que agradecer las críticas y comentarios, que en principio no nos gustan, permitirá recibir regalos cuyo objetivo es hacernos mejores personas y permitirnos tener una vida más feliz. Pero que si los rechazamos “luego, la gente no nos dirá las cosas, porque reaccionamos violentamente o negativamente, y se quedan callados y perdemos una oportunidad para ser mejores”.

La lección de Violeta Parra

La cantautora chilena logró componer –en la opinión de muchos– las palabras más lindas en el español que resumen esa gratitud genérica hacia la vida, hacia el universo o hacia Dios si se trata de personas creyentes, en su canción Gracias a la vida.

Lo más irónico es que Violeta, la compositora de ese himno a la gratitud e inmortalizado en la voz de Mercedes Sosa, terminó viviendo en una carpa, pobre y abandonada, con poco aprecio y amor de la gente a su alrededor. Se suicidó menos de un año después de haber lanzado la canción. 

Es muy fácil, para quienes nos sentimos agradecidos por lo que hemos recibido en la vida, mirar negativamente a quienes percibimos como incapaces de sentir gratitud. “Las cosas negativas pueden ser, en un momento determinado, tan potentes y arrolladoras que nuestra capacidad para agradecer lo bueno y apreciarlo se desmorona. No es fácil decirle a alguien que está en la calle, indigente, con hambre, abandonado y abusado que aprecie la vida”.

 No es un secreto que –en un país como el nuestro– muchas personas carecen de condiciones dignas para vivir, a esas personas es normal que les quede difícil, a simple vista, encontrar algo por lo cual ser agradecidos. “No es su culpa. Si eres una madre de 5 hijos, sin plata para comer, enferma y con el agua hasta las rodillas, es muy difícil sentir gratitud”. Por esto, quienes somos afortunados debemos asumir la responsabilidad de la reciprocidad, y retribuirle al mundo con bondad, para compensar lo recibido, en este caso de forma indirecta.

Allí es donde viene otro riesgo, ya que muchas veces nos sentimos tentados a decir: “es que son flojos, es que es pobre porque es flojo, o los pobres son ingratos”. Y añade que debemos evitar juzgar a las otras personas desde nuestra “posición de privilegio”, y a cambio convertirnos en las fuentes de actos de bondad, desinteresada, hacia los demás.

 También tenemos que reconocer el riesgo que crea la incredulidad. Esto sucede cuando se nos hace difícil aceptar que es posible la generosidad desinteresada. Esto nos priva de apreciar otro aspecto fundamental del amor, que es también hacer el bien.

 La gratitud también tiene riesgos invisibles. Los humanos tenemos la tendencia a responder positivamente cuando sentimos que nos han hecho un bien. La gratitud puede ser abusada como resultado de la reciprocidad que inspira. Por ejemplo, te hago un favor con el fin de motivar uno de regreso, idealmente más grande. Aquí hay una clara conexión con la gratitud. Si alguien escribe “gracias” en una factura, aumenta las posibilidades de recibir una propina, asegura Jadad.

Se puede también forzar. En muchos casos sentimos que debemos repagar a alguien que no nos gusta o un favor no pedido. Por ejemplo, cuando nos dan muestras gratis se generan más ventas. La gratitud también puede generar problemas sociales, especialmente cuando hacemos concesiones a actos corruptos y le decimos a alguien que ha hecho algo: “te la paso esta vez” o permitimos que nos resuelvan un problema sabiendo que tendremos que hacer algo indebido más tarde a cambio.

Otro de los riesgos de la gratitud, especialmente en la era de las redes sociales, es que generemos infelicidad en los otros. "Cuando todas las cosas en Facebook son lindas y positivas y se dice: 'gracias Dios mío y gracias vida y gracias', uno de los riesgos es que se genere culpabilidad en quienes no se sientan tan afortunados, o que se produzca envidia en quienes no encuentran los mecanismos para lograr algo que desean”

El hábito es otro riesgo, que nos acostumbremos a lo que es bueno y dejemos de dar las gracias porque nos consideremos merecedores del bien que hemos recibido. Esto nos lleva a lo opuesto: la ingratitud.

Otra amenaza se relaciona con la autoayuda y con las muchas fórmulas que se ofrecen hoy en día para lograr felicidad, especialmente a través de la gratitud. Por esto, Alejandro considera que "hay que reconocer sus riesgos, para minimizarlos”. Cree que en este momento se está abusando de la ciencia para “alimentar toda una industria que se escuda en estudios para vender libros, para promover las carreras de académicos, para financiar investigaciones o eventos, y alimentar egos. 

El problema con la autoayuda es que con frecuencia deja a las personas que están sufriendo sintiéndose culpables si no hay mejoría luego de leer un libro o un artículo, o escuchar una conferencia o ver un video." La autoayuda es muy diferente a tener que enfrentar desafíos solos, dice Alejandro. “La mejor autoayuda es la que nos lleva a darnos permiso para recibir apoyo, y para darles apoyo a los demás, desinteresadamente, y con amor.”

on September 08, 2017